Casa Maria del Cartero
En el Noroeste murciano, a tan sólo tres kilómetros de Bullas se localiza la única pedanía de esta población, conocida como La Copa , nombre que hace referencia según los archivos históricos a la frase pronunciada por Alfonso XII, para establecer los límites geográficos, “…se establecerán desde la piedra más onda del rió a la Copa más alta del árbol.
En este pueblo de arraigadas tradiciones culturales, en unas de las primeras calles que formaron parte de sus orígenes, concretamente en la calle mayor se encuentra esta vivienda, donde el tiempo parece haberse detenido, para hacernos saborear un “tiempo pasado”, y al mismo tiempo cercano, ya que rebrotan recuerdos de nuestra historia más cercana.
Vivienda que ha sido restaurada manteniendo sus origines y respetando su transformaciones a través del tiempo, realizándose ciertas adaptaciones para una mayor comodidad en su estancia, sin distorsionar en ningún momento las reformas llevadas a cabo en los diferentes siglos de su creación, sin olvidar lo que era, y sobre todo respetando su pasado. Así lo confirma la estructura original de su construcción.
Su construcción a base de piedra y argamasa compuesta de barro con partículas cristalinas naturales de la zona, nos hace recordar el comienzo y desarrollo de las técnicas de la construcción, siempre combinadas con las materias primas naturales. Son los maderos (como por esta zona se le llama a las vigas de madera) los que hacen a veces de soporte y otras de amortiguadores sísmicos en la pared maestras. Tecnicas descubiertas por los romanos para el desarollo de sus construcciones.
Sirve de aislante también la combinación realizada para la terminación del tejado. Troncos de árboles de la zona, cañas, atadas con sogas hechas de esparto, barro de tierra más clara, que sujeta a la teja de media caña y hechas artesanalmente en el muslo de su creador.
En sus paredes interiores apreciamos los dedos y manos de los constructores o albañiles de esta vivienda, donde combinaban otras técnicas de forjado.

Al abrir la puerta de la casa y entrar a ella notamos un suave y tierno abrazo acogedor, que nos lleva al pasado. Se observa una rica simbiosis del pasado y presente en su decoración, integrándola en una armonía de descanso, donde convive la moderna lavadora automática, con la tabla de lavar que hace cincuenta años era utilizada en la fuente de La Copa para esta función.
La colocación de utensilios y enseres antiguos en forma decorativa nos hace recordar un museo de costumbres de esta zona. En la planta de abajo o primera planta, encontraremos el proceso de la elaboración del pan amasado, herramientas para el arado, la garrafa de Cruz Verde tapada con un zuro de panocha, tapón muy habitual en el pueblo. Cerca de la estufa de leña el brasero de brasas para la mesa de camilla, dando paso también al serrucho, la sierra antigua y el hacha, instrumentos muy habituales para la labor del campo en la escarda y cortes de árboles, para obtener la leña utilizada para prender la llama necesaria para realizar la comida junto al fuego y al mismo tiempo poder calentarse.
Enriquece nuestra vista la platera de madera que nos presenta su vajilla de comienzo de mil novecientos, así damos paso a la cocina donde podemos apreciar una colección de hoyas y cazos de porcelana roja y el puchero de barro como anfitrión del pasado, donde la moderna placa vitro cerámica mira asombrada a su alrededor la exquisitez de este muestrario.
La cantara del agua mira a la tinaja debajo de la escalera, lugar donde casi siempre se ubicaba estos recipientes para poder guardar el agua y dar su uso tan apreciado y necesario en nuestra vida.
En la parte superior o cámaras como se denomina en estas tierras del Noroeste murciano, dos espacios se fusionan en uno por su arco característico.
Junto su dos camas de madera rustica, son los maderos y sus `guitas´o cuerda de esparto lo que nos llama la atención, junto al proceso y elaboración del esparto. Manojo de esparto natural, seguido de esparto picado, la maza de madera para el desarrollo de esta labor y seguidamente distintos enseres que eran utilizados en la vida cotidiana de aquellos tiempos, en los trabajos de el campo como en labores de casa.
Junto a un madero admiramos un nido de golondrinas que durante años retornaron de su emigración, y que generación tras generación dieron vida a sus polluelos.
Es en la habitación interior o pajal donde esta la suite del descanso. Cama de matrimonio de los años cincuenta con cuna de madera de antaño y la maleta del mismo estilo que se utilizaba para los desplazamientos en los largos viajes.
Pero la guinda del pastel esta en las entrañas de esta vivienda, en sus cimientos. Debajo de tierra está la bodega, origen de su comienzo. Contemplamos su bóveda que da cobijo a parte de las tinajas ,donde hace unos cuatrocientos años se elaboraban esos deliciosos cardos que hoy darían el paso a la historia con vinos de esta tierra con denominación de origen. Es aquí donde el tiempo no tiene principio o final se trata del aquí y el ahora.
Casa única y especial que mantiene la historia de un pueblo, y en sí la cultura del mismo.
“en la Casa Rural María del Cartero la gestión continua de la calidad es nuestra meta principal, por ello estamos en proceso de implantación de la Q de calidad y estamos trabajando para conseguirla.” |